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jueves, septiembre 04, 2008

El día que la tierra tembló

"Tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: "Estoy espantado y temblando"" Heb 12:21
Suena a algún tipo de movimiento sísmico, pero no me voy a referir a eso, que tiemble la tierra cuando nosotros vivimos en el límite de placas tectónicas no es raro, me refiero a un día en especial al cual se refiere la Biblia, un día que se encuentra dentro de ese camino que emprenden los que han iniciado la búsqueda de Dios.
Tipificando un evento importante en la historia del pueblo de Israel, el día en que un grupo numeroso de gente guiados por Moisés decide salir de Egipto, representa el día en que dejando de lado tu comodidad emprendes la búsqueda de Dios, tomas la decisión de salir de ese lugar cálido, donde hay un pan que todo el mundo conoce y un cobijo de frazadas desgastadas y sucias, nuestra comida es una sopa recalentada y sobre nosotros pesa un yugo de esclavitud a las cosas establecidas, dejar todo eso en busca de la Tierra Prometida viene a ser solo el comienzo, viene a ser solo el primer paso de fe.
El pueblo salió, pero divagó en la etapa de transición, por que no es salir y entrar, el que sale tiene la obligación de hacerse fuerte en el desierto, de tomar y asimilar alimento que fortalezca el espíritu, ese maná que representa a Cristo mismo, la Palabra como alimento. Entonces ¿Cuál fue ese día?; Dios llamó a todo el pueblo al monte donde estaba su presencia, Moisés y Josué entraron debajo del área de influencia de la Gloria de Dios, el pueblo que permaneció en el borde sintió el temporal y dice textualmente la Biblia que la tierra temblaba por la presencia de Dios bajo un estruendo el pueblo se estremeció. Dios estaba cambiando estructuras de forma en cada una de las personas que se acercaron, pero el pueblo se apresuró a decir a Moisés – “Habla tu con nosotros y oiremos, pero no hable Dios con nosotros” y empezaron a morir.
Cuando emprendemos la búsqueda de Dios, cuando salimos de Egipto, llega el día en que el espíritu nos quebranta, nos conmueve y nos dice que cambiará las estructuras, que moverá lo que conocemos como cielo y lo que conocemos como tierra, todas nuestras cosas establecidas y nosotros solemos actuar como el pueblo que murió en el desierto, permaneciendo en los recuerdos de Egipto, en los atavíos de esclavitud que cuelgan de nuestras orejas. Yo digo: Padre ten misericordia de nosotros, coloca ese corazón de carne en nosotros y desecha el de piedra. Y así sea.

"De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca" Hageo 2.6

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